
Manolo y su mujer Encarna, no se podían creer lo que les había pasado. El día que debería ser el primero de su nueva vida en una casa nueva y de lujo. Se había convertido en una pesadilla. Pesadilla que empezaban a achacar a un hecho sobrenatural, como ya prometía la inscripción que dejo Cris en el salón de su casa. Esta teoría crecía según la lógica de la muerte de su hijo de treinta años por un infarto, parecía imposible y el resto de explicaciones siempre los acababan llevando a la maldición de la casa de Cris. La Familia de ocupas regreso triste a su nueva adquisición, para intentar descansar un poco hasta volver al día siguiente al Hospital a recoger su hijo muerto, la noche transcurrió tranquila pero al día siguiente con el alba descubrieron que el pequeño de sus hijos agonizaba en su cama, con la cara hinchada y respirando muy débilmente, la madre cogió al niño y salio corriendo con el al Hospital, diciéndole a su marido que sobre aquella casa, ya era seguro había una maldición y que ella no pensaba volver a entrar nunca mas en ella. El marido un poco asustado reconoció que aquello no parecía normal y que tampoco entendía que estaba pasando, pero que el no iba a dejar de luchar por su nueva casa y que haría todo lo posible por mantenerla y si no era para el no seria para nadie.