
Encarna, todavía en el Hospital, no podía creer lo que le estaba pasando, cuando recibió la llamada de una de sus vecinas, para decirle que su marido estaba en la calle muerto, asesinado por dos desconocidos que habían huido en un coche que los esperaba a la puerta de la casa, y que ahora era la policía la que estaba haciendo averiguaciones de lo que había sucedido. Encarna colgó el teléfono y miro a su hijo que se reponía poco a poco en la cama del Hospital y consciente de que aquella situación se le había ido de las manos, no tuvo ni lagrimas para llorar a uno mas de su familia que había perdido y solo tubo fuerza para buscar la manera de salir de aquella situación, con el único hijo que le quedaba y huir lo mas lejos posible para intentar dejar atrás la maldición que sobre su familia había arrojado su maldita vecina, que incluso después de muerta se le veía mas poderosa que mientras estuvo viva. Encarna mando vestir a su hijo y salieron del Hospital para no regresar nunca mas ni al Hospital, ni a la casa maldita.