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Tanausu y el regreso a la tierra inexpugnable
Abora, dios de los Auaritas, había dado a Tanausu el mejor lugar en el paraíso Awara, por su valentía y su buen hacer como rey y guerrero. Un sitio junto a el y su familia, como no le había concedido nunca a nadie, haciéndole participe de todo, como si de un hijo se tratara, pero desde su llegada, Tanausu no se sentía integrado, no comía, no bebía, seguía como si estuviera aun en aquel maldito barco donde su alma abandono su cuerpo muerto de camino a Castilla. Para Abora la situación se estaba volviendo insostenible, hasta que un día no pudo mas y decidió dar fin a esta desalentadora situación.
Abora, soltó al chiquillo que tenia en brazos y se dirigió a Tanausu, que seguía sentado en su esquina sin comer ni disfrutar de los placeres que daba su puesto en el paraíso de los héroes y los dioses.
Abora se sentó junto a Tanausu y le dijo: Tanausu, no veo que disfrutes de los placeres que te brindo, acaso no te agrada mi familia, desde que has llegado has estado solo abandonado en esta esquina, convirtiendo mi casa en un lugar triste con tu melancolía. Entiendo que el pueblo Auarita ha sido un pueblo de gente de honor y palabra, y que a cada acto le dan tal importancia que de tanto revivirlos tienden a la melancolía. Pero lo tuyo es demasiado, llevas mas de 500 años de la misma manera, y me niego a tener que soportarte otros 500 años igual, por lo tanto pide me lo que quieras que te lo concederé, si logro que esta situación cambie.
Tanausu apenado le respondió, que sabia de lo incomoda que era la situación, pero que cada vez que pensaba en su pueblo y lo que habían sufrido por tal vez no haber tomado la decisión correcta hacia que la tristeza lo consumiera.
Abora le respondió que todos habían luchados como los grandes guerreros que eran y que el resultado de la batalla estaba escrito antes de que el naciera. Que la vida en Acero, la tierra inexpugnable, había continuado y que hoy se encontraba tan esplendida como en los días del Rey Tanausu, pero que allí todos lo recordaban con cariño.
A Tanausu se le ilumino una luz interior y le dijo a Abora, ya se que es lo que quiero, me gustaría volver a Acero para poder sentir su olor, sus sonidos y su vida, que están haciendo que la mía se me apague.
De acuerdo, contesto Abora, concederé que tu alma viaje y se introduzca en el primer cuerpo que encuentre al llegar Acero, tendrás 10 horas y luego volverás feliz a mi casa con mi familia.
Temprano en la mañana estaba Tanausu para realizar el viaje a su Aceró donde le esperaban recuerdos y sensaciones para recordar. Abora le dio las ultimas explicaciones y consejos, y le recordó que iría solo como un simple espectador y que no intentara interactuar con el medio, porque esto lo único que traería seria caos y confusión. Tanausu asintió y se preparo para su viaje. De repente, sintió que el suelo bajo sus pies desaparecía y se escurría entre el mar de nubes que lo mantenía en un momento pudo ver como se iba acercando a unas islas en medio del mar, dirigiéndose rápidamente hacia la mas occidental de ellas, a la cual ya podía identificar como su Benahoare, y veía como rápidamente distinguía su Aceró y seguidamente el roque Idafe, al cual se dirigía con una velocidad infernal, que le condujo hasta chocar contra el suelo para rebotar e introducirse en el primer ser que encontró y cuyo nombre era Antón.
Para Antón era su primera visita a la Caldera de Taburiente, junto con sus amigos, formaban un grupo de 6 jóvenes de entre 18 y 22 años. Antón no era muy amante de caminar y el hecho de visitar la Caldera y de acampar con sus amigos, era mas por cambiar de rutina que por tener un interés propio por la naturaleza, siendo los objetivos de su estancia los de dormir, comer y beber, todo lo que pueda pero desde luego caminar lo meno posible, en gran parte porque mover 90 kilos no es fácil con los rigores del calor de Agosto. El único fallo de su magnifico plan era el no contar con los planes que tenían para el Abora y Tanausu. Desde luego su estancia se empezó a tornar inolvidable cuando en medio de su placido sueño sintió como un fuerte corriente que lo despertó como si de una pesadilla se tratara.
La primera sensación de Tanausu, metido en ese cuerpo, fue la de claustrofobia y la de sentirse atrapado, a lo que reacciono, cogiendo su nuevo cuerpo y lanzándolo fuera de la tienda, rompiendo todo lo que pillo a su paso, para ir a chocar al pino que tenia en la entrada, que fue el que lo llevo al suelo y de camino a volver a la realidad que estaba viviendo. Si para Tanausu esta primera experiencia había sido traumática, para Antón había sido toda una revelación era como revivir sobrio la peor de sus borracheras. Como pudo se incorporo y vio a sus compañeros como lo miraban incrédulos y preguntaban que había pasado a lo que el pobre Antón solo pudo responder con que había sido una extraña pesadilla. Sus compañeros se burlaron de su extraña reacción ante la pesadilla y decidieron recoger todo, reparar lo reparable e ir a desayunar.
Para Tanausu saborear por medio del cuerpo de Antón era una experiencia nueva que le estaba llevando a descubrir sabores nuevos para el, como el sabor fuerte del café, lo dulce de los Donuts de Chocolate y el sabor fresco de los Zumos de Frutas. Que no tenía nada que ver con los desayunos de leche de cabra y gofio, a los que estaba acostumbrado. Tanausu por medio de Antón comió como si hiciera quinientos años que no comía, hasta que sus compañeros tuvieron que pararle diciendo que tenían que estar dos días más y que la comida tenia que durarles para todo el tiempo. Tras el desayuno, el plan inicial era hacer una excursión hasta Hoyo Verde y volver, a la que desde luego Antón no se había apuntado, pero ahora su nuevo yo interior lo animo a ir, o mejor dicho lo empujo a ir, sorprendiéndose al mismo y a sus compañeros. Lo que estaba claro es que Tanausu no había venido de tan lejos para dormir, ni tenia la culpa de que le hubiera tocado aquel cuerpo gordo, que ya le empezaba a apestar a sudor.
Comenzó la ascensión y tanto Anton como sus compañeros notaron que algo nuevo estaba pasando, de ocupar Anton la parte trasera del grupo pasaba a liderarlo, pero además con exquisito conocimiento de la zona que ponía en apuros al resto del grupo, cuando intentaban seguirlo por los atajos que tomaba. Lo que pasaba era que Tanausu se daba cuenta de que el tiempo era escaso y tenia que aprovecharlo al máximo. Antón seguía con su ritmo, no quería hacer paradas y ya sudaba de una manera que parecía una fuente en invierno. En el mirador de la Fondada, se encontraron con una pareja de alemanes que habían sufrido una caída y tenían una herida abierta, les preguntaron al grupo de Antón por ayuda y el rápidamente, buscando hojas de Tedera, que mastico por un tiempo y un poco de tierra, los cuales mezclo en su mano, fabricando una cataplasma para aplicarlo sobre la herida. Tomo su cataplasma, la cual era mirada por la pareja que estaba atónita, y se dirigió hacia ellos tomando la pierna herida y sin pensarlo aplicándolo sobre ella, la reacción del alemán fue inmediata propinándole un empujón a Antón que le tiro al suelo, al mismo tiempo que se quitaba aquella masilla de su herida y seguía caminando invocando al diablo en Alemán. Los compañeros de Antón le preguntaron por lo que había hecho y el les respondió que eso era un remedio Auarita para coagular las heridas sangrantes, pero que si el alemán prefería desangrarse a tener fe en sus conocimientos, que por Abora que se desangrara. Al llegar al pinar de siete fuentes, Antón invito a todos a seguir monte a través por un atajo que el conocía y con el que llegarían antes. La subida era infernal y provoco que de los mejores caminantes de su grupo llegaran rezagados y casi muertos. Antón llego el primero y con un rostro sereno y tranquilo que no se correspondía ni con su cuerpo que sudaba a mares, ni con su corazón que se le quería salir del pecho. Descansaron por un momento y al notar sus pies algo mojados, se quito sus botas para ver que pasaba, en sus pies habías unas llagas sangrando, de su poca costumbre de caminar, que fueron curadas con su cataplasma preferida, ante la mirada incrédula de sus compañeros. Pero la bajada fue lo mejor, mientras sus compañeros aun no estaban todos preparados, el encontró una rama larga que estaba preparando como un regatón y sin pensarlo dos veces cogió monte a través, con su lanza, y entre carreras y saltos llego al rió taburiente media hora antes que el resto, incluso antes que los alemanes que no quisieron su ayuda, que al verlo le volvieron a recordar lo que pensaban de su Abora y de su madre en un alemán perfecto.
Al medio día el grupo de Anton, decidió acercarse a las charcas de Taburiente para refrescarse un poco, las charcas estaban llenas de gente, pero la mente de Tanausu en el cuerpo de Antón iban a lograr que eso cambiara, Se sentó por la parte mas alta del riachuelo y allí comenzó a sacarse sus zapatos para aliviar un poco sus pies en el agua. Los calcetines estaban amasados con la sangre de sus llagas y las cataplasmas, pero justo así con calcetines y todo, introdujo sus pies en el agua, y como si de fuego se tratase, toda la gente que había en la charca salio despavorida, increpando a Antón por haber cubierto toda la charca con un mancha de barro y sangre que solo invitaba a vomitar al verlo. Cuando la corriente se llevo la nauseabunda mancha la gente volvió a ocupar sus lugares junto a la charca, pero los ojos de Tanausu se centraron justamente en una joven que esta sobre una piedra con sus pechos al aire, charlaba con sus compañeras e incluso a Tanausu le parecía que hacia movimientos obscenos, de tal manera que había quedado hipnotizado con el espectáculo, en sus tiempos las mujeres no se enseñaban los pechos ni se pavoneaban de aquella manera, y pensaba que si el fuera todavía rey de aquellas tierras, aquella mujer seria desterrada para no volver nunca. Absorto en sus pensamientos, no se daba cuenta de que seguí mirando los pechos de la chica y que el resto de los asistentes y la misma victima lo estaban mirando a el, y fue justo ella quien lo despertó de su pensamiento, diciéndole”¿Qué miras pervertido?”, a lo que Tanausu contesto”Callate guarra, tapate que pareces una puta y sal ahora mismo de mi Acero”. Después de lavarse sus pies en la charca, esto era lo que faltaba para que se formara la pelea mas grande formada en la historia de la Caldera, pero lo que nadie se esperaba era el resultado, Tanausu con sus mañas de lucha cuerpo a cuerpo había lanzado ya a tres de cabeza contra la charca y solo fue parado por los compañeros de Antón que lo invitaron a abandonar el lugar.
Para salir de la situación que se había creado los amigos de Anton propusieron hacer otra caminata, pensando en que no iría y así no los metería en mas líos. Pero el resultado fue el contrario, fue y los metió en mas líos. Decidieron subir a las Verduras de Alfonso, que al ser un lugar mas solitario seguro que no pasaría nada, pero como en la mañana, el primero era Antón que era el que marca el paso, aun con sus pies llenos de llagas, subieron barranco arriba hasta que Antón les hizo señas de parar por que había oído algo, como si fuera una cabra envetada a la cual fueron a ver, efectivamente después de una hora de camino llegaron a un lugar donde se veía una cría de Arrui en una veta de la que no se veía capaz de salir. El acceso a este punto era casi imposible pero Antón apunto que no estaba bien dejar aquel animal de aquella manera y que deberían ayudarlo y si ayudarlo no matarlo para cenar. Sus compañeros vieron claramente que era imposible subir allí, pero el insistió en que lo iba a intentar trepando por una zona que parecía mas accesible. Trepo como nadie lo había visto llegando en un momento a donde estaba el pequeño arruí, el cual se había refugio en una pequeña cueva del terreno donde Antón lo cogió y le inmovilizo las patas para que no escapara, como tantas veces había hecho Tanausu a su ganado. De lo que no se había dado cuenta Tanausu es que con todo lo que había vivido el tiempo se le había pasado y que de una manera inesperada para el, y sobre todo para Antón, noto como su alma abandonaba aquel cuerpo subiendo hacia el cielo de una manera fulgurante. Casi tan fulgurante, como la caída de Antón al suelo al perder la fuerza interior que lo sostenía y que lo había abandonado a 30 metros del suelo envetado con una especie de cabra y sin poder salir. Miro a sus amigos y les grito que lo ayudaran, a lo que estos le contestaron que bajara como había subido, pero esto ya era imposible, la fuerza que lo había subido desapareció y lo había dejado en una veta y con un problema impresionante.
Los compañeros de Antón, ante la impotencia de no saber que hacer, se dirigieron al centro de servicios de la Caldera en busca de ayuda. Allí lo primero que encontraron fue, a los bañistas que ocupaban la charca antes de que llegara Antón, junto con los Alemanes a los que intento ayudad, amotinados alrededor del Guía del Parque, dándole solo un descanso a la llegada de los compañeros de Antón, al dirigir a estos toda su ira y sus reproches. Tras un momento tenso el Guía y el Vigilante del Parque, lograran calmar al grupo y redirigirlo a sus tiendas, para tomar ellos la iniciativa de increpar a los agotados amigos de Antón que ya estaban cansados de tantos problemas y tanto caminar. Tras las primeras disculpas por el comportamiento de su compañero, pudieron explicar la situación para que se pudiera movilizar los medios de rescate. Cuando llegaron el Vigilante y el Guía al lugar, ya solo quedaban unas horas de luz y veían tan difícil poder sacar aquel chico de allí como imposible se veía que hubiera podido llegar a ese lugar. Vista la situación, la única solución era llamar al equipo de rescate de la Guardia Civil, para que entraran en Helicóptero e intentar rescatarlo antes de que oscureciera. El Helicóptero llego solo con tiempo de poder aterrizar antes de que se hiciera de noche, y ya de noche se tuvo que hacer todo el rescate. Con la dificultad añadida que del Helicóptero hasta donde estaba Antón había una hora de camino, y hasta allí había que trasportar un grupo eléctrico y lámparas para trabajar de noche. Con la consideración que tenia Antón entre sus compañeros de acampada, el encontrar alguien que ayudara fue imposible, solo encontrando voluntarios para ser testigos y poner denuncias, por lo que el equipo tubo que ser cargado por sus amigos, que ya deseaban no haberlo sido. Llegaron instalaron el equipo y subió el equipo de rescate hasta el lugar, donde colocaron a Antón un arnés y bajaron hasta llegar al suelo. Una vez en el suelo el traslado hasta la zona de Acampada tubo que ser en camilla, debido a las llagas tan profundas e infectadas que tenia en sus pies, llegando ya de día y siendo esperado por las victimas de sus agresiones del día anterior, un Agente Forestal, que le informo de la denuncia por lo que le había hecho al Arrui y un refuerzo de la Guardia Civil para escoltarlo y que no lo mataran sus nuevas “amistades”. Entre tanto Antón vivía entre dolores y la incertidumbre de no saber que es lo que había pasado y como había pasado.
A la llegada de Tanausu junto a Abora, le pregunto este que como había ido todo, a lo que este le respondió que bien, que había sido una gran experiencia y que estaba deseando volver. Tras esta pequeña charla se fueron cada una a su lugar a descansar, Pero en la tranquilidad de la noche hubo algo que despertó a Abora, y era una luz desde La Caldera de Taburiente, nunca había visto una luz artificial en este lugar y quiso saber que pasaba. Al ver la maniobra de rescate y todo el malestar creado, empezó a dudar de que todo hubiera ido tan bien como decía Tanausu, pero lo miro y lo vio tan cambiado, sin esa mirada melancólica que siempre tenia, que pensó, seguro que si ha pasado algo no ha sido tan grave.
Mientras tanto Antón seguía dándole vueltas a su cabeza para saber que había tomado que lo había convertido de esa manera y que lo iba a llevar en un helicóptero de la guardia civil a un hospital donde se repondría hasta que pudiera dar cuenta de sus hechos a la justicia.